La iglesia de Sant Sever, situada junto a la Catedral de Barcelona, es uno de los espacios del Barroco mejor conservados de la ciudad, ya que se salvó de la destrucción durante la Guerra Civil. Erigida según un proyecto de Jaume Arnaudies (1698) y continuada por Joan Fiter, presenta una estructura de nave única con tres capillas laterales a cada lado, coro y cabecera poligonal. La fachada exterior fue proyectada por Jeroni Escarabatxeres (1703).
La iglesia fue concebida para el servicio de la Comunidad de Beneficiados de San Severo, un grupo estable de sacerdotes que trabajaban en la Catedral de Barcelona y que se mantuvo hasta finales de los años 60 del siglo XX. El tamaño de la iglesia y la belleza del conjunto han hecho que sea un lugar de culto muy popular para celebraciones familiares, especialmente bodas o cumpleaños. Actualmente está gestionada por el Cabildo de Canónigos de la Catedral.
El interior del templo se compone de una nave diáfana con una galería alta de tribunas con celosías. Las paredes y las bóvedas están decoradas con esgrafiados vegetales y florales de Escarabatxeres.
El retablo mayor fue erigido a mediados del siglo XVIII según un proyecto de Pere Costa i Cases, y es una de las obras primordiales de la retaulística barroca catalana. Lo más destacable del conjunto es la pintura del ábside, hecha sobre lienzo con la técnica del trampantojo (trompe-l’œil), con pinturas del taller de Antoni Viladomat (muy posiblemente de los hermanos Tramulles). Destaca, sobre todo, la glorificación y el triunfo de San Severo y San Medir.
Sobre las puertas que dan acceso a los espacios adyacentes de la iglesia, existen dos cuadros narrativos atribuidos a Joan Gallart (1701). Uno de ellos, quizás el más destacable, es el del martirio de San Severo en el Castrum Octavianum, con una imagen principal del obispo barcelonés a manos de su verdugo. El otro, de carácter más paisajístico, representa los milagros de San Severo en Collserola: tanto la surgencia de agua como el crecimiento de las habas.
Los demás retablos, correspondientes a las capillas laterales, son posteriores (de finales del siglo XVIII o inicios del XIX). Entre sus imágenes cabe destacar las de San Pedro y San Pablo, San Ramón Nonato, Santa María Magdalena o San José Oriol.
Por último, hay que remarcar el conjunto de vidrieras encargadas a Francesc Saladrigues, uno de los maestros vidrieros más destacados de la época, de las que destaca especialmente el rosetón de la fachada principal.



